miércoles, 9 de mayo de 2012
Había pasado mucho tiempo...
Había recordado su sonrisa cada mañana y, cada noche, sus caricias.
Había reido, se había enfadado, había llorado a mares recordando cada momento con él, había soñado con ilusionarse de nuevo con otros, hasta había creido olvidarlo... Pero no había sido asi.
Cada vez que lo veía, su mundo volvía a revolverse. Se olvidaba de todo y lo único que Saphyra quería era abrazarlo y volver al principio, a aquel tiempo en el que con una mirada se lo decían todo, a aquel tiempo en el que no hacía falta que se dijeran que se querían, solo lo sabían.
Pero fue asimilando que no volverían a estar juntos, no porque ella así lo quisiera, si no porque él ahora dormía en los brazos de otra. Y eso la mataba...
Fue la noche de un martes de primavera cuando, sentados en un parque, mirando cada movimiento que hacía y cada mirada que le regalaba a ella, descubrió que le resultaba imposible olvidarse de sus besos.
Justo en ese momento ocurrió, Saphyra volvió a creer en la magia. En el momento en el que aquella estrella fugaz que pasó por encima de sus cabezas, se detubo el tiempo en un cruce de miradas. Sus ojos se pararon en los de él y los de él en los de Saphyra, y supo que no había acabado su historia.
Supo entonces que, aunque durmiera en los brazos de otra, algún día volverían a ser los suyos los que le arroparan cada noche.
Y en este momento, es muy posible que Saphyra esté encerrada en su habitación, soñando con él cada segundo, con el momento en que volvieran a abrazarse y mirando aquella rosa que velaba sus sueños y que aún conservaba algunos de sus pétalos, pero que poco a poco iba deshojandose... Muriendo por su deseo...
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